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Gregorio Luri: “Falta una visión global de las aportaciones científicas que combata la incertidumbre futura y el catastrofismo”

El foro de pensamiento de Padres UFV propició un encuentro con el filósofo Gregorio Luri bajo el tema “¿El hombre se ha cansado de sí mismo? Por qué sigue siendo necesario defender lo humano”. Cómo se proyecta el hombre y qué exigencias se marca son algunas de las claves que se esconden tras el tema de partida y a partir de las cuales desarrolló su intervención. Así, afirmó que el mayor error del hombre es la ignorancia sobre el valor de su herencia y como decía Ortega, descendientes somos todos, pero para ser heredero hace falta pleitear por aquello que a uno le corresponde. En este sentido, la Universidad no es el lugar que proporciona una armadura para no ver al contrario, sino que capacita para permearse del enemigo en cuyo terreno es preciso sembrar. 

LG. Luri sostuvo que el fin de las utopías y la sustitución por distopías se halla en el origen del cansancio humano ante su realidad. El tiempo completo del activista ha sido sustituido por unas horas a la semana de dedicación a una causa. En su opinión, el miedo al futuro es evidente y se transmite en las escuelas, a los niños se les educa en qué va a ser de los seres humanos, del planeta, etc. Y la conducta inteligente no es el pánico, sino la serenidad. Donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer es donde aparecen los monstruos y surge la pregunta: “¿Estas ideas son de temporada?”. Cuando una idea encuentra su tiempo no se puede parar con bayoneta, sino adaptarse a ella, y si se quieren evitar revoluciones, hay que hacer evoluciones.

 

Observemos con cariño a nuestro tiempo. La mirada enamorada ve en el otro lo que solo cuando hay determinada luz aparece, cuando amplía el objetivo y no focaliza en un punto, cuando no pierde la perspectiva”

Un periodista que quiso hacerle una entrevista sorprendido de su optimismo ante el tiempo presente le hizo tomar conciencia de que su alegría no se basa en ingenuidad, sino en la necesidad de ganar paz interior y, desde su postura cristiana, de no renegar de la fe. “Hemos conocido el amor de Dios”, expresó. Junto a ello, consideró que los avances tecnológicos son extraordinarios, pero ocurre que los avances parciales no dan para un progreso con mayúscula. La prueba es que se mira con incertidumbre el mundo que se deja a los nietos, algo que es muy llamativo porque falta una visión global de las aportaciones científicas. A su juicio, esto alimenta la fruición contemporánea hacia el catastrofismo: cada año se estrenan películas sobre vampiros, muertos vivientes…, y parece como si el Apocalipsis fuera un entretenimiento, incluso en las secciones de ecología los títulos son terribles y ya se habla de eco ansiedad. Por primera vez, añadió, hay un escepticismo creciente sobre el futuro de la democracia.

Constató la creencia actual de que traer hijos al mundo es hacerlos desgraciados y lo notable es que el hombre no es ajeno a las imágenes que proyecta sobre sí mismo. G. Luri explicó que no es el primer momento histórico en que se tiene la sensación de acoso de un peligro inminente, la diferencia es que ahora la figura del bárbaro está interiorizada: “¿Somos depredadores insaciables? Si el ser humano no es independiente de las imágenes que proyecta sobre sí mismo se verá como un ser sospechoso, esta es una imagen que es nueva y que proporciona pocas posibilidades de reacción”. La culpa, por tanto, acaba recayendo en el hombre occidental por alterar el ecosistema terrestre: “Tenemos obsesión por culpabilizarnos y no podemos heredar las promesas de nuestros abuelos”. Por tanto, ¿progresar es estudiar para trabajar menos y ganar más, como pensaban los mayores? Luri constató que actualmente una persona bien formada con un contrato que se renueva mensualmente ya no puede ofrecer garantía de que sus hijos vivirán mejor trabajando menos, por lo que cala una cierta desesperanza frente a la cual es preciso vacunarse. 

El cristiano sabe que algo que ya ha pasado es la esperanza frente a lo que pueda pasar, eso le mantiene a salvo y es el momento para defenderlo sin complejos”, confesó. Ante la pregunta sobre la verdad postuló el decrecimiento o la bioperfectibilidad, que viene a ser una falsa certidumbre en un ser transhumano más inteligente y capaz. Esto va acompañado de un mayor peso del emotivismo y de la necesidad de sentirse parte de un todo cósmico, cuestionando el antropocentrismo a la vez que se exige la eliminación de los límites. Antes se decía “hacedme feliz y seré virtuoso”, ahora si no se es feliz no se exige la virtud, lo que significa que quien comete un error es porque alguien le impidió ser feliz y la responsabilidad individual se diluye.

“Ser cristiano es un chollo, no puedes obligar a nadie a tener fe, pero la fe conlleva un punto de serenidad y alegría para la reconciliación del hombre consigo mismo”. Es urgente plantearse un referente similar al ángel o, al menos, que cumpla su función: reconocer que hay algo que es más amplio que el hombre y que se le escapa, no olvidar que el alma es el ámbito en el que lo mejor que podemos llegar a ser se dirige a lo que somos. Por tanto, la solución pasa por configurar una imagen no fragmentaria de lo mejor que ha sido el hombre con lo mejor que puede llegar a ser.

Por último, sostuvo que cuando no se entiende el porqué de este mundo es porque esa pregunta llega de más allá. Por eso, es fundamental recuperar la imagen del hombre como ser fronterizo entre lo que vemos aquí y las voces que nos llegan de otra realidad más amplia. Y la primera obligación es con la familia, concluyó.

 

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