Leopoldo Prieto: “No cabe conflicto entre ciencia y fe por su diversidad epistemológica”

Ciclo Horizontes Razón Abierta
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Leopoldo José Prieto López, profesor titular de Filosofía Moderna y Contemporánea en la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno de la UFV, señala que ciencia y filosofía son dos modos de conocer y el diálogo no es tanto entre científicos y filósofos, porque sus métodos son distintos y objetivamente es muy difícil tender puentes, sino que uno mismo consigo mismo dado que conoce de dos modos debe ponerse de acuerdo consigo mismo.

Recuerda que Aristóteles dijo que todos los hombres desean por naturaleza saber. Ahora bien, saber se hace de dos modos: un saber determinado, circunscrito, con una lógica matemática, que se llama ciencia; y un saber más alto, menos riguroso, que hace una consideración general de la realidad, que se llama filosofía. Pone un ejemplo: al subir a una colina, abajo hay una visión fragmentada de la realidad y arriba se ofrece una visión mayor, ambas verdaderas, pero con una focalización distinta.

La exigencia de la docencia le ha llevado a preguntarse por las causas últimas que caracterizan la sabiduría. El diálogo, a su juicio, debe empezar por unos mínimos, pero está seguro de que no cabe conflicto entre ciencia y fe por su diversidad epistemológica y porque no puede haber dos contendientes en el mismo campo. Al contrario, los grandes científicos de la historia siempre han sido personas para quienes los intereses teológicos estaban en el corazón de la actividad científica. Eran clérigos que se sentían observadores de la Creación tan finamente construida de donde se deduce racionalmente un Hacedor inteligente, y conociendo esa lógica matemática alababan a Dios. El propio Galileo, como astrónomo, dijo que no puede haber confrontación entre Biblia y ciencia porque la primera habla en vista de la plenitud humana en términos coloquiales y la segunda usa la observación experimental y el razonamiento matemático de los que Dios no dispensa. Por tanto, aclara que son asuntos que mueven a la vez cabeza y corazón, ya que la ciencia aprendida de libros y maestros está a su vez aprendida del mundo, hecho según número, orden y medida.

En su opinión, la batalla cultural en Europa entre ciencia y filosofía no tiene sentido: se podría decir que el objeto y el método de la ciencia demuestran que no puede haber antagonismo entre un modo de mirar circunscrito y un modo de mirar más amplio que constituye la matriz de la teología. Los tres niveles de conocimiento, científico, sapiencial y fiducial, son imprescindibles, puesto que hay que confiar para saber. La inmensa mayoría de cosas las sabemos por fe humana, porque lo dicen los libros y los catedráticos, solo cuando se adquiere ciencia se vuela solo. Lo que Dios ha dicho a los hombres entra en el ámbito de las verdades que tienen incidencia en la vida y la salvación humanas, lejos de entender la fe como un simple moralismo.

Características del método científico

Leopoldo Prieto empieza por definir las características que no son propias de ese método científico, es decir, todo aquello que no es objeto de aprehensión sensorial. Explica que lo empírico hace referencia a lo que se puede percibir por los sentidos y que a cualquier realidad corporal le corresponde el atributo de cantidad. Para él, la materia es como una caja china que cuanto más abres más se sigue abriendo, es decir, el átomo está compuesto de partículas, y estas de otras, y así sucesivamente. En definitiva, el primer atributo de la ciencia es que los cuerpos están distendidos y de esta división resultan números con los que se hacen operaciones, pero estas, insiste, indican solo algunas cosas. Define ciencia como un saber de realidades cuantitativas con acceso sensorial sobre las que se hacen mediciones y con esas operaciones se estudian los cuerpos.

Una mirada amplia es la propia del sabio”

Recuerda que Aristóteles, antes de ser filósofo, era científico y cultivó la Biología. Fue en su madurez cuando ascendió al monte del saber y especuló abstractamente sobre una teoría del mundo partiendo de sus causas últimas. Invoca, pues, un modo de racionalidad superior a los aspectos corporales, pero a la vez sin dejar de lado la capacidad de razonamiento.

Argumenta que no pueden negarse las realidades no materiales según un modo de saber que está constituido por la aprehensión sensorial y que la ciencia debe declararse incompetente para decir algo sobre realidades de otra naturaleza, ya que, si se explican con su procedimiento experimental, hecho para medir lo corporal, sería una “barbaridad”. A esto precisamente se alude cuando se habla de reduccionismo, es decir, cuando se reduce un todo, una realidad compleja, a ciertas propiedades materiales.

En el ejemplo de un elefante que se desliza por una colina de césped, no hay elefante, ni colina, ni césped si solo interesan tres propiedades precisas del cuadro de realidad: el elefante es un peso y el césped resbaladizo un coeficiente de fricción. Hace falta diferencia, complementariedad y armonía.

“La ciencia debe evitar la tentación de reducir el hombre a las meras dimensiones corporales”

Considera que el inglés Hobbes es responsable de una concepción empobrecedora del hombre sin gallardía intelectual. Pone un ejemplo: igual que el corte de un sastre sobre una tela proporciona un conocimiento de la chaqueta relativo al orden cuantitativo (contorno, anchura y perímetro), así la formulación de leyes científicas está precedida de una actividad en la que el científico aísla propiedades, produciéndose cierta “violencia” en la naturaleza. Por eso, la ley de la ciencia es exacta en su formulación, pero aproximada en la descripción de fenómenos reales.

Conclusiones

1.Existen tres modos de acceso a la realidad que deben ir coordinados y armonizados, por lo que es necesario que haya un diálogo en los planos diferentes de una misma realidad.

2.Hay que tener en cuenta la afirmación revolucionaria de Galileo sobre que el conocimiento de la esencia de los cuerpos descansa en la indagación aislada de propiedades, por lo que el método en la búsqueda de la verdad no debe ceñirse a la deducción lógico-formal.

3.Es preciso huir de las reducciones cientificistas en el conocimiento de la realidad porque de lo invisible sí hay algún conocimiento: por un razonamiento demostrativo de efectos visibles se puede inducir una causa invisible, sin creer se pueden conocer ciertos aspectos que no se ven. Por ejemplo, en el hombre la experiencia de espíritu. A esto añade que algunos filósofos que tendieron al escepticismo, como fue Kant, sostuvo que la razón percibe un ámbito de realidad que la sobrepasa: la región del misterio, lo inefable. Y Tomás de Aquino explicó racionalmente algunos atributos de Dios.

Leopoldo Prieto concluye el Ciclo Horizontes animando a los asistentes a educar la inteligencia para no dañar la estructura lógica del conocimiento: “Ved que si este mundo existe es porque un constructor lo ha construido, que si veis orden es porque hay un ordenador”. 

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