Jorge López en un congreso de la Universidad de Notre Dame: «La dignidad humana no es un mérito que se consiga o se pierda según el comportamiento de cada uno»

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Entrevistamos a Jorge López, decano de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria, sobre su ponencia en el Congreso “I Have Called You by Name: Human Dignity in a Secular World, organizado por el centro Nicola Center for Ethics and Culture de la Universidad de Notre Dame.  

En tu ponencia titulada “Human dignity, vulnerability and education”, ¿qué implicaciones antropológicas, epistemológicas, éticas y de sentido conlleva el concepto de dignidad humana?  

La “dignitas” del ser humano descansa en quién soy (imagen de Dios) y en lo que estoy llamado a ser (comunión con Dios): son dos aspectos interrelacionados y que no se pueden separar, el primero ontológico y el segundo teleológico. Me parece que este segundo aspecto tiene que explorarse más. Pienso en personas con alguna discapacidad, pero incluso en el mejor dotado: mirando lo que estamos llamados a ser, a vivir en comunión con Dios y con los demás, se comprende y valora mejor nuestra situación actual, siempre precaria. La comunión es el mayor de los bienes porque es la vida de la Trinidad que Dios mismo nos ofrece. 

El nombre nos aporta una identidad, pero, ¿es posible perderla en un ambiente concreto en el que prima cierto tipo de educación?  

Nuestra identidad más profunda, el nombre que llevamos grabado ontológicamente como un sello imborrable, no se pierde. La educación nos ayuda a vivir esa identidad, a ser lo que estamos llamados a ser, a partir de lo que somos. Mi propuesta es que la educación y la vida misma tienen como meta la comunión que es reflejo de la vida misma de Dios. En mi conferencia he tratado de unir dos aspectos aparentemente contrarios: la perfección y la vulnerabilidad desde esta comprensión de la comunión como telos o meta de la vida humana. Perfección entendida como presencia de comunión más que como ausencia de defectos. Vulnerabilidad entendida como aspecto positivo de la afectividad -y condición del amor afectivo- en orden a la comunión, más que como privación. 

Vulnerabilidad alude a una falta de protección frente a algo, que nos hace estar expuestos a los peligros, ¿cuál crees que es la mayor dificultad a la que nos enfrentamos en la tarea educativa “en un mundo secular” (como se indica en el nombre de este Congreso) y qué crees que nos puede salvar?  

La experiencia de vulnerabilidad la tenemos todos y esto mismo puede ser un camino de encuentro con los no creyentes o con quienes sufren el “escándalo” del sufrimiento. Si mi sufrimiento es irrelevante para Dios, si no le afecta, entonces Dios me resulta irrelevante. Pero Jesús mismo es vulnerable como nosotros: “uno de la Trinidad ha sufrido”, como decía san Gregorio Nacianceno. Si la vulnerabilidad no es una privación, sino que puede ser reformulada positivamente, podemos afirmar que nuestro Dios Tri-Uno es vulnerable en su relación con nosotros. En mi charla me atrevo a decir que Dios es el ser más vulnerable -y más perfecto- pues no puede no amar y todo lo que nos pasa le afecta.

Por otro lado, nuestra experiencia personal de amor confirma que cuanto más amamos y más buscamos la comunión, más nos afecta todo. Nuestra propuesta educativa como universidad ha de propiciar que amemos mucho, que deseemos mucho y bien, conscientes de que esto implica estar dispuestos a sufrir y gozar con y por el otro. Vale la pena. 

 

 

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