Congreso Razón Abierta – Mesa redonda: «El asombro por el mundo a través de la física cuántica y la ecología»

En el turno de debate, se hizo un llamamiento a potenciar la colaboración entre ciencia y fe para que la razón pueda alcanzar una ciencia más madura. John Slattery puso el ejemplo de un grupo de profesores americanos que debatían sobre la noción de la evolución. Reveló que solo pudieron aceptar el diálogo cuando dieron sus puntos de vista sobre ecología, creación y psicología. En su opinión, es importante que no se obligue a entender, sino a profundizar en el contenido para llegar a un nivel más hondo.

Las virtudes son herramientas que ayudan a razonar, según J. Arthur, pero es necesario integrarlas con las intelectuales para que se amplíe la razón, es lo que llamó la “sabiduría práctica del buen sentido”. Así pues, las virtudes permiten saber, desear y actuar con un buen razonamiento. Lo único que se necesita es que haya personas inteligentes y prácticas que sean líderes en sus profesiones.

Por su parte, Verónica Fernández sostuvo que es un reto educar en la razón abierta porque se educa como se ha sido educado y si se quiere mejorar hace falta que el profesor sea un maestro. Esto pasa por cómo mira a la persona que tiene delante, que no es un objeto de consumo de contenidos, sino alguien con quien establecer una relación sapiencial. También hace falta que sea referente, pues un profesor no se reduce a lo que dice, sino que es una persona integral con un prestigio, capaz de acoger a sus alumnos y ayudarles a crecer. En su opinión, para que exista unidad en el saber hay que tener en cuenta varios niveles de la persona que van desde el conjunto de átomos hasta la necesidad de respeto. Se pretende repensar el título de cada asignatura para forjar estudiantes autodidactas que vean en el otro a un hermano.

El deseo del artista Etsuro Sotoo de dar con la pregunta correcta ha sido lo que ha llevado a Curtis Baxter a afirmar que habría que llevar buenos científicos a las clases para suscitar preguntas acerca de los nuevos modelos de pensamiento: el funcionamiento del cerebro, el cambio climático, la evolución, el abuso sexual… John Slattery añadió que, ya sea ciencia o teología, las preguntas básicas son similares y las conversaciones giran en torno a los mismos asuntos. James Arthur se volvió a preguntar cuáles son los deseos del ser humano y se posicionó frente al relativismo y la pérdida de la naturaleza humana. Consideró que el humanismo europeo y el judeocristianismo se unen y se desunen en la actualidad con mucha facilidad respecto a temas antropológicos. En su opinión, el declive de la religión, el desplazamiento de la filosofía por la psicología y la aparición del constructivismo han sido cuestiones determinantes. Abogó por recuperar la idea de una naturaleza humana que se pueda entender a través de muchas perspectivas como la filosofía, la psicología, las artes…, tan solo poniendo de moda conocimientos centrados en el florecimiento humano.

 

Verónica Fernández ha añadido que el modelo pedagógico de la UFV (despertar, descubrir, decidir) está dirigido especialmente a ese alumno que solo está preocupado por el examen y no busca enriquecerse de sabiduría. Tiene como base la relación: del profesor con otros profesores, del profesor con el alumno y de los alumnos entre ellos mismos. Se trata de hacer las preguntas pertinentes y buscar respuestas juntos, cristalizando en decisiones que lleven a un crecimiento personal. A tal efecto, las comunidades de Razón Abierta buscan poner en conocimiento de todos, las preguntas de las diferentes asignaturas para ampliar sus conclusiones a un ámbito interdisciplinar.   

Junto a ello, desmontar los prejuicios cientificistas no deja de ser una forma de abrir horizontes en la formación de los futuros clérigos. John Slattery señaló que hay tantos científicos que participan en el proyecto que los resultados de la interacción han sido muy fructíferos. Curtis Baxter apuntó que al final acaba dando igual si el científico tiene fe o no, porque lo único importante es si están dispuestos a cooperar.

Como se ha visto, Razón Abierta significa apertura a todas las dimensiones del sujeto. James Arthur explicó que la enseñanza debe despertar a la verdadera educación, por tanto, no es solo conocimiento de libros de texto o transmisión de información, sino que ha de implicar transformación. Educación no es lo que se sabe el alumno, sino en qué se ha convertido ese alumno durante el proceso de apertura al conocimiento.

Desde la Facultad de Educación, Verónica Fernández recordó que si la educación es un reto es porque implica a la libertad humana. En este punto, afirmó que el acompañamiento es una de las estrategias más adecuadas para estar cerca del alumno en momentos de dificultad, y apostó por seguir fortaleciendo el sistema de mentorías que asigna un mentor a cada alumno para realizar un seguimiento personalizado.

En el turno de preguntas se planteó hasta qué punto es importante distinguir entre obligar o respetar. Slattery respondió que no hay una solución perfecta, sino una combinación de materias: “Es un debate sobre lo que se considera imprescindible a nivel disciplinario y los límites de tal enseñanza”, declaró. En su opinión, la clave es generar espacios para poner en juego las cuestiones existentes, de hecho, en el proyecto de los seminarios parten de una educación básica, pero luego se ha observado que surgen otros temas que no conllevan un contexto reglado.

Sobre las virtudes que ha de tener todo educador, estas forman parte de un camino de quien busca el mayor bien, según contestó Verónica Fernández, que a la vez las intuyó en forma de racimo. Arthur concretó que espera de todos los educadores que sean honestos y sinceros, tengan compasión, interés y respeto por los alumnos. Incluso añadió que la educación se ve influida por la arquitectura y el ambiente, por lo que el profesor en su código de conducta debe incluir la humildad y la verdad.

Respecto a los alumnos que pueden acercarse con actitud hostil o cierta resistencia a la razón abierta, Slattery presentó una investigación que se está llevando a cabo en algunas aulas de biología de EEUU sobre cómo dedicar una parte de la clase a reconocer que existen dos puntos de vista diferentes cambia el ambiente, pues el mero hecho de reconocer que había un grupo con una teoría y otro grupo con otra influyó positivamente en los resultados. Arthur recomendó el libro “El cierre de la mente americana”, que habla de alumnos abiertos que no son capaces de establecer un juicio sobre nada, sensibles en exceso a tantos temas. Confesó que estos mismos jóvenes no se dan cuenta de que buscan algo más, una participación más profunda en la sociedad y que si un alumno está cerrado no se le podrá formar, ni siquiera en un conocimiento técnico. 

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