James Arthur: “En la educación en virtudes está en juego el florecimiento humano”

Sobre la cuestión de si es necesaria una educación cristiana en valores para ampliar la razón del universitario, James Arthur, profesor de la Universidad de Birmingham y autor de numerosas publicaciones, sostiene que, aunque el libro fue escrito directamente para una audiencia católica y en concreto maestros católicos, ya tenía una buena base en estudios anteriores. El autor ya había empezado a darse cuenta mucho antes de que esta área había empezado a diluirse y a erosionarse dentro de las instituciones católicas.

Para escribir este libro pensó que era importante una educación cristiana en las virtudes porque estaba en juego el florecimiento humano, y las instituciones católicas siempre deben preocuparse por este florecimiento y por fomentar en los estudiantes que vienen a estas instituciones que lleven vidas auténticas, vidas que les brinden a Dios.

“Escribí el libro porque había muchas instituciones que habían perdido de vista un área particular de la virtud que necesitaban abordar”

Respecto a qué tipo de valores propone en su libro “A Christian Education in Virtues”, destaca que sobre todo son virtudes naturales, comunes a todos, pero también sobrenaturales como la fe, la esperanza y la caridad. A su juicio, estas deben combinarse con las teologales para reforzarlas y mejorarlas, y para que puedan producir mejores resultados de los que producirían de otra manera, aunque su interés se centra más en las primeras. 

Biografía

James Arthur posee numerosos honores académicos y becas, entre los que se incluyen el de Profesor Visitante de la Universidad de Glasgow, Miembro Honorario de Investigación de la Universidad de Oxford y Miembro Superior Honorario de la Academia Militar de West Point. Es Presidente de la Sociedad Británica de Estudios Educativos y ha participado en numerosos comités y grupos gubernamentales en materia de educación. Fue nombrado primer Director del Instituto Nacional de Investigación de Educación Cristiana (2005-2009) por el Arzobispo de Canterbury en 2005 y la Reina de Inglaterra lo nombró personalmente Oficial del Imperio Británico en 2018 por sus servicios a la educación.

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