Expanded Questions – Olga Peñalba: «La ciencia nos da los qués, la técnica nos da los cómos pero sin el para qué y el para quién no somos nada»

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[ Transcripción de la entrevista ]

Bienvenidos a una nueva sesión de Expanded Questions, creada por el Instituto Razón Abierta para intentar llevar a la razón un poco más allá.

Hoy tenemos el gran privilegio de contar con nosotros con la directora de la Escuela Politécnica, Olga Peñalba. Olga, bienvenida. Estábamos deseando de tenerte aquí porque representas un área muy importante de la Universidad y como primera cuestión queremos plantearte algo relacionado sobre el perfil del ingeniero.

Siempre se ha dicho que es una persona con una mente muy analítica y lógica, que se le dan bien las matemáticas y la física, pero dentro del conjunto de conocimientos particulares que puede llegar a tener o de conocimientos técnicos, ¿cómo dirías tú que se puede aunar todo eso para que no esté fragmentado y llegue a un conocimiento total con un significado mayor? 

Ciertamente es difícil, nos cuesta, quizá más que a otros perfiles, por dos motivos principalmente. Uno, porque el conocimiento en sí de índole más filosófico o del ámbito de las humanidades es un conocimiento que de entrada nos resulta difícil porque estamos acostumbrados a trabajar con números y fórmulas, nuestra mente funciona de otra manera, entender un texto filosófico aproximándonos a la verdad que hay detrás ya nos cuesta; y luego, que tenemos una deformación profesional muy grande y es que damos por bueno aquello que está demostrado científicamente, que se puede verificar de alguna manera, por lo que el conocimiento filosófico que tiene una forma de aproximación distinta nos cuesta por nuestra propia formación. 

Lo bueno es que al final todos somos iguales, buscamos todos sentido a lo que hacemos, y el sentido de la profesión del ingeniero no viene de la propia ciencia ni de la propia técnica, tiene que venir de otra fuente. Entonces cuando al alumno le cuentas cuál es el sentido de su profesión, le pides que vaya más allá y se pregunte por el fin de la carrera entiende que eso no se puede responder desde ese ámbito y ahí es donde entra a ampliar la mirada.  

Yo creo que les resulta menos complicado a ellos que a nosotros, porque al final tenemos una trayectoria mucho más amplia, muchos años de entender la carrera de una manera más reduccionista y a ellos cuando les haces un planteamiento desde la razón abierta entran y lo ven más natural, nos cuesta más a los profesores que a los alumnos porque hay que desaprender de alguna manera lo que hemos aprendido.  

Siempre intento hacerles ver que la ciencia nos da los qués, la técnica nos da los cómos (y eso es muy importante ya que al ser una carrera técnica lo fundamental es la metodología que hay que aplicar), pero que sin el para qué y el para quién no somos nada, al final lo que hacemos es aplicar la ciencia para construir algo para el bien de alguien y sin el componente del para qué y de la persona para la que trabajamos la carrera no se sostiene, nos falta algo. Por ahí entramos, pero es difícil. 

Olga Penalba Expanded Questions

Hemos rescatado un artículo que presentaste a la segunda edición del Congreso Razón Abierta de 2018 en el que haces una reflexión interesante sobre los fundamentos de la Ingeniería Informática. Al final, el ingeniero no deja de ser una persona que trabaja con personas para ofrecer un servicio a otra persona. ¿Cómo se puede ir más allá de un cálculo complejo para ver detrás de la persona su don, un ser libre o una vocación? ¿Por qué es necesaria la razón abierta, la mirada amplia? ¿Nos puedes dar alguna clave más sobre ese artículo? 

Sí, lo que presentamos en ese artículo fue una reflexión sobre una asignatura muy concreta que intenta dar una visión global de la carrera que, en cierta medida, viene a ser una reflexión sobre la propia disciplina. La asignatura que se llama Fundamentos de la Ingeniería Informática se planteaba mucho en términos de fundamentos científicos y técnicos, las matemáticas y la física principalmente, la base de la informática. Pero nos dimos cuenta, efectivamente, de que lo que es la profesión no se puede ejercer si no tienes una base ética y antropológica fuerte, porque al final, como comentaba antes, te preguntas qué haces, para qué lo haces, en qué contexto histórico haces las cosas, y eso lo condiciona, no es lo mismo hacer un proyecto hoy que hace 30 años o los proyectos que se hagan en el futuro. Todo ese contexto social, la visión del hombre que tienes para el que estás trabajando, al final lo que haces es dar un servicio a la sociedad y a las personas, sin esa visión clara no puedes ejercer la profesión con la misma calidad. 

Lo que plantea el artículo es que no solo nos podemos quedar con lo científico y lo técnico, sino que tenemos que ir también a los fundamentos éticos y antropológicos. Trabajamos con personas, para personas, y cómo entendemos al otro y la relación que establecemos con el otro y el bien que le queremos procurar es la clave de lo que hacemos, para que tenga sentido y sea útil a la sociedad y realmente merezca la pena.  

Actualmente, la tecnología es uno de los asuntos de los que más se habla, el paradigma del siglo XXI. ¿Qué beneficios y peligros ves en una tecnologización de la sociedad? ¿Cómo podemos conocer la realidad de manera verdadera a través de la tecnología? 

Es evidente que la tecnología es una herramienta y como todas las herramientas tiene un buen uso y un mal uso. Para quien las crea tiene que ser conocedor de que lo que está creando se puede usar para el fin correcto y adecuado para el que se ha creado o para el mal. Y desde el propio usuario de la herramienta hay muchos riesgos asociados que todos conocemos. Creo en la visión positiva de la tecnología, aunque soy consciente de los riesgos e intento formar a mis estudiantes en ellos, pero tengo una visión optimista, creo que si se pone al servicio de las personas realmente facilita la vida aquí en la tierra de los seres humanos. Quizá el mayor riesgo que veo en el progreso y la tecnología es que cada pasito que damos parece que es inocuo en cierta medida, pero es la suma de pasos las que nos lleva a un punto del que ya no hay retorno y cuando te ves ahí dices ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Por eso tenemos que hacernos muy conscientes, todos los que trabajamos en este sector y la gente que toma decisiones sobre los siguientes pasos en el desarrollo tecnológico tenemos que ser conscientes de que cada paso hay que medirlo mucho. Cada avance es pequeñito, parece que no cambia grandes cosas de la sociedad, pero cuando nos hemos dado cuenta hemos avanzado mucho y hay mucho riesgo.  

Por ejemplo, ha habido muchos informes en los últimos tiempos del impacto de las redes sociales y de todos los móviles en los estudiantes y su desarrollo, especialmente en adolescentes y preadolescentes que están “enganchados” por así decirlo, usando su terminología, a las redes, y eso está teniendo un impacto en su propio desarrollo psicológico. Claro, las redes cuando se crean se crean con un fin bueno y tienen sentido y bien usadas son buenas, pero el impacto que están teniendo en los jóvenes lo vemos años después de que estén ahí y ahora ya no hay vuelta atrás o es difícil la vuelta atrás.  

Luego la tecnología siempre condiciona a los ingenieros, cada uno ve la vida con unas gafas y los ingenieros ven la vida con unas gafas y si no se acuerdan de quitárselas de vez en cuando para intentar ver las cosas desde otra perspectiva se cae en reduccionismos: ver la vida en términos de problemas, creer que todo tiene solución y que siempre estamos aquí para resolver las cosas, pero no todo tiene que ser resuelto o no todo se puede resolver, o medir la vida en términos de como medimos las máquinas, si es eficiente o productiva, si esta relación me sirve para algo o no, medir todo en términos de utilidad. Este es uno de los mayores riesgos que tiene la tecnología. 

Por no hablar de la inteligencia artificial, que está muy de moda… 

…ese es un tema apasionante… 

No sé si conoces al filósofo coreano Han que también es ahora muy popular quien propone que el peligro de la Inteligencia Artificial (IA) es que al conectar dos fenómenos A y B la máquina no puede decir por qué pasa A, ¿es muy difícil que una IA llegue a ser como una mente humana, pero también es positivo no? 

He leído noticias sobre este filósofo y, aunque en algunas cosas es un poco catastrofista, en IA hay básicamente dos corrientes entre los pensadores y científicos: los que creen que la IA podrá pensar como lo hacemos los humanos y será posible en algún momento no a corto plazo, y los que creen que eso nunca va a ser factible, que siempre será artificial y que no debería llamarse ni inteligencia porque los procesos que sigue una máquina para producir un resultado no son ni parecidos a los de las personas.  

Yo creo que la IA es una herramienta potente que nos está ayudando muchísimo, por ejemplo, todo lo que está impactando en el diagnóstico de la medicina preventiva y, como todas las herramientas, la IA bien usada es buena, pero hacia dónde va a llegar, esa es una de las áreas hacia las que hay que evolucionar con mucho cuidado. Me consta que se están creando comités de ética en muchas empresas, institutos a nivel nacional e internacional que están preocupados por la evolución de esa área, por arrojar sentido y prudencia a ese ámbito concreto de la tecnología que parece más desafiante que otros. 

Lo que destila a lo largo de la entrevista es tu experiencia como profesora, más allá de tu cargo eres una docente que se relaciona con alumnos, ¿cómo ves en el día a día de una clase que ese alumno se asombra?, ¿qué hace que se haga preguntas que parten de la ciencia, pero que la trascienden? 

El alumno tiene un potencial increíble. Si le das el campo de juego que necesita el alumno entra fácil a la razón abierta y además es capaz de creatividad, de tener ideas… Me sorprende muchas veces lo que el estudiante hace, en cuestiones que ellos lanzan o las propuestas que hacen, solo hay que dejarles, y saber guiarles un poquito, pero entran fácil a estas cuestiones porque lo llevan en el corazón.  

En una asignatura que tenemos de proyectos les hemos planteado un reto que es el problema del millón. Tienen que pensar en el desarrollo de una aplicación que resuelva un problema que afecte a un millón de personas en el mundo, al menos. Tienen que pensar cuál podría ser ese problema, documentarlo y desarrollar una solución en la medida en que pueden, no siempre pueden ir a una solución completa ya que a nivel técnico no tienen las competencias. Es sorprendente cuando les dejas un poco de libertad y les haces pensar en términos de contribución al otro cómo salen ideas increíbles, muchas no se nos hubieran ocurrido a los profesores como proyecto de asignatura. Hay que dejarles, tienen capacidad infinita y son maravillosos.  

Bueno, pues nos quedamos con esta visión positiva del ser humano, la confianza en el anhelo que todos llevamos dentro de conocer la verdad y en una visión antropológica del hombre que le dignifique. Ha sido un placer estar contigo, el Instituto RA está abierto para que nos sigas iluminando, así que muchísimas gracias.  

Gracias a vosotros, al Instituto por toda su labor y por darme esta oportunidad de compartir.  

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