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Congreso Razón Abierta – Mesa redonda: «Biología y biotecnología al servicio de la pregunta por el hombre»

Maureen Condic. Profesora adjunta de Neurobiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah, con un nombramiento adjunto en el Departamento de Pediatría y ganadora de la 4ª edición de los Premios Razón Abierta con Human Embryos. Human Beings. A Scientific and Philosophical Approach.

Carter Snead. Profesor de Derecho y director del Centro de Ética y Cultura de Nicola en la Universidad de Notre Dame y ganador de la 5ª edición de los Premios Razón Abierta con What it means to be human: the case for the body in public bioethics.

El cuarto eje del Congreso se ha centrado en la biología y la biotecnología al servicio del ser humano. El moderador de la mesa, Javier Galán, profesor de la UFV y director adjunto del Grado de Biomedicina, ha afirmado que los avances tecnológicos son una oportunidad para mejorar la vida del hombre en la cura de enfermedades, pero también abren polémicas sobre su naturaleza y el impacto transgeneracional de dichas tecnologías.

Carter Snead ha señalado por videoconferencia que el ser humano permea todas las áreas de conocimiento y que, por tanto, todas tienen que hacerse la pregunta antropológica. A su juicio, la ley debe tener como objetivo el florecimiento humano, más aún en el área de la bioética. En asuntos especialmente controvertidos, como el aborto o la eutanasia, el tratamiento de la bioética pública debe estar a la altura de estos conflictos vitales respetando lo que la persona es. Su experiencia en la ONU le ha llevado a remarcar que no es posible defender un individualismo que no se interroga acerca de una verdad originaria y no adopta una visión completa de la persona, por lo que es preciso proteger a la sociedad de los riesgos a los que se enfrenta: “Estamos encarnados, somos cuerpos frágiles y el individualismo sociopolítico pierde el sentido de esa vulnerabilidad”.

Uno de los primeros temas que se ha tratado en la mesa redonda ha sido la aplicación de una nueva herramienta de ingeniería genética (CRISPR) que permite modificar el genoma para corregir alteraciones genéticas responsables de enfermedades graves. Aplicado al campo de la biomedicina, Maureen Condic ha señalado que la novedad radica en su mecanismo alterador de genes con poco trabajo y mayor precisión, pues se tarda semanas en hacer lo que antes llevaba años. Las alarmas se centran en el uso de embriones humanos, ya que estos se destruyen y se cambia la composición de una persona.

En noviembre de 2018 saltó la noticia de un experimento de modificación genética en dos bebés para que fueran inmunes al virus VIH. Luis Miguel Pastor, catedrático de Biología Celular en la Universidad de Murcia y presiente de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI), ha considerado que esta decisión experimental no tuvo un discernimiento sobre el bien común: “La razón instrumental debe conjugarse con otras y la identidad es un límite, no se puede modificar lo que define al ser humano”. El profesor ha lamentado que la medicina no respete en estas ocasiones la dignidad de las personas.

  1. Condic lo ha atribuido a que no existe información decisiva sobre la influencia que tiene esta herramienta en las personas. Después de la intervención con esos bebés se publicó un estudio que revelaba un aumento de la mortalidad en un 21%. “No sabemos lo que hacemos, hay muchos tipos de mutaciones y los efectos negativos no se pueden anticipar”, remarcó. En 2020 se publicó en la revista Nature que cambios muy extendidos introducidos en el genoma de animales no son lo que se pretendían en casi a la mitad de los casos: “Fue inmoral aplicar esta técnica en seres humanos”. Para L.M. Pastor esto afecta al principio terapéutico porque se genera un daño mayor: “Hay una metodología y una ética que deben respetarse, a veces, se quiere llegar el primero y hay que acostumbrarse a dar pasos cuando haya una evidencia tal que se pueda actuar con datos fiables”.

Por otra parte, M. Condic ha abordado los casos de inyección de esperma citoplasmático en los que se ha observado que tienen muchos problemas de salud en la edad adulta. “Se hizo por dinero y simpatía hacia las parejas que querían niños desesperadamente”, lamentó, “la sociedad no quiso decir que no a quien deseaba un hijo y ahora hay cientos de miles de personas con un procedimiento que ha impactado en su salud”. L.M. Pastor ha insistido en que hacer estudios a posteriori va en contra del buen hacer profesional.

Hay quienes apoyan la experimentación con embriones para refinar la técnica, pero M. Condic ha objetado que la empresa de investigación no solo puede basarse en lo aprendido con animales para aplicarlo a los humanos. Y el profesor Pastor ha advertido de la cosificación que supone generar un ser humano en un ambiente ajeno a su dignidad.         

En otro orden de cosas, sobre las quimeras interespecie, conocidas como híbridos entre animal y humano, sobre todo con cerdos y macacos, que consisten en tomar un embrión de animal y proceder a inyectar células humanas para su desarrollo, M. Condic ha explicado los retos que implican: las células de dos especies animales han sido una técnica útil y antigua con la finalidad de probar en un animal sano y saber qué hacen los genes en un entorno complicado, pero si se introducen células humanas para el estudio de enfermedades se crea una entidad sin un estatus ontológico claro, razón suficiente para decir que no se hace. Además, que un animal contenga óvulos y esperma humano es un problema, ya que habría un embrión humano dentro de un ratón. Y, por otra parte, los animales que tienen una contribución de células humanas en el sistema nervioso tienen cerebros que crecen más y dominarán el sistema animal siendo más inteligentes, alterando su comportamiento. En definitiva, las quimeras, en su opinión, son una técnica útil, pero la naturaleza de la entidad es desconocida y el hecho de incorporar células, tanto en reproducción como en el cerebro, suscita serios problemas éticos y filosóficos. L.M. Pastor ha matizado que no se sabría cuándo se tiene un todo distinto cambiando las partes y la consecución de órganos para trasplantes no deja de ser una imprudencia. Para M. Condic esto se sale del campo de la filosofía experimental porque es imposible conocer dónde empieza el animal a dejar de ser humano o al revés.

Respecto al tema del aborto, Carter Snead ha contado en remoto cómo está siendo su aportación en el juicio que revisa su legalización y que cambió la ley en EEUU. A su juicio, no proviene del texto constitucional y todo se reduce a la amenaza de futuro referida por una mujer que consigue una ley para repeler al intruso, pero no son dos extraños peleando y no se puede autorizar la violencia de uno contra otra, ya que la protección pasa por brindar atención durante la vida, así como crear redes y comunidades de apoyo. M. Condic ha dado algunas claves para establecer un debate sincero en torno al embrión humano: hay un elemento diferenciador que es la libertad y el embrión es un ser humano científicamente probado, tesis que defiende en su libro.

Sobre un posible cambio legislativo, L.M. Pastor ha destacado la importancia de sacar el debate de un plano religioso: “No es que la ciencia permita concluir, pero da la condición necesaria de aplicar el argumento ético de no matar al inocente, sea de más de 8 semanas o menos, es una acción ilícita y deplorable porque es violenta”. En su opinión, la despenalización ha conllevado que se generalice la impresión de que se está instaurando un derecho, cuando debería estar limitado a cuestiones de salud, y además, la clandestinidad puede llevar asociada la muerte de muchas mujeres.

Carter Snead también ha reconocido la dificultad de trabajar de modo interdisciplinario, pero lo ha presentado como la única manera de ofrecer una visión completa y aumentar la comprensión de una razón abierta. M. Condic ha validado esa necesidad de escucha, que no es desde el punto de vista del experto, sino desde la humildad que requiere el respeto mutuo. Está convencida de que en el contexto COVID se recomendó seguir a la ciencia para cuestiones de todo tipo porque daba herramientas útiles de combate, pero no puede prevalecer su poder, sino una comunicación cruzada que anticipe los avances antes de que surja un virus, si no, el precio del sufrimiento será terrible y existirá un infundado doblegamiento ante dicha ciencia. Luis Miguel Pastor ha reclamado también el conocimiento de los límites de cada plano de la realidad, ya que hay decisiones que son políticas o éticas y la ciencia solo se puede llegar hasta cierto punto: “No puede haber confusión queriendo fundamentar con la ciencia aquello que no está en su ámbito, la evidencia científica es necesaria, pero no suficiente”. En este sentido, ha prevenido de un cientifismo que quiere ser científico donde no puede decir nada o no cree nada que no diga la ciencia: “La ciencia da muchos datos que los filósofos pueden integrar con la tradición y el pensamiento”.

*En el TURNO DE PREGUNTAS salió a relucir la complejidad de la terapia génica y sus variables o efectos colaterales. M. Condic consideró que la cultura popular ha extendido en las películas seres con identidad transhumana con una idea romántica que adolece de entendimiento sobre la evolución, no obstante, son los científicos más próximos a la evolución los que han despertado la alarma. El profesor Pastor se centró en la capacidad del ser humano posmoderno para transformar el mundo y profundizar en la naturaleza, con el fin de ser precisamente lo que el hombre es en plenitud, puesto que las consecuencias del transhumanismo son claves a nivel ético.

La última cuestión se centró en la reducción del ser humano a los genes, aunque M. Condic descartó que sea algo común en la comunidad científica, ya que son solo una parte por sus efectos diferentes y no se puede creer que se mejora una situación cambiando solo una parte. Entender la salud en términos de genes, como concluyó L. M. Pastor, no se puede compartir y hace falta comprender que el genoma es solo una parte de la unidad del organismo. 

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Congreso Razón Abierta – Mesa redonda: «¿Estamos determinados física y psicológicamente?»

Paul Vitz. Senior Scholar, profesor del Instituto de Ciencias Psicológicas de Divine Mercy University y ganador de la 4ª edición de los Premios Razón Abierta con Catholic Christian Meta-Model of the Person: Integration of Psychology and Mental Health Practice.

Therese Lysaught. Profesora de Teología Moral y Asistencia Sanitaria en el Instituto Neiswanger de Bioética y Liderazgo Sanitario de la Escuela de Medicina Stritch de la Loyola University Chicago y ganadora (junto con sus compañeros) de la 5ª edición de los Premios Razón Abierta con Biopolitics after neuroscience: morality and the economy of virtue.

La tercera mesa redonda del Congreso ha estado dedicada a la neurociencia y la psicología. La pregunta de la mesa redonda, sobre si el ser humano está determinado física y psicológicamente, sigue suscitando grandes inquietudes, como ha señalado el profesor de la UFV, Tasio Pérez, psicólogo experto en terapia de pareja y educación afectivo sexual, que moderaba la mesa. “Se trata de una pregunta que está relacionada con la mirada que se adopta hacia la persona y el descubrimiento de su potencial”, ha añadido.

Para contestarla, Paul Vitz ha presentado su metamodelo en el que defiende el libre albedrío desde tres posiciones. En primer lugar, ha hablado del famoso caso que se conoció hace más de un siglo en EEUU cuando una joven sordomuda, Helen Keller, considerada por su familia como un animal, fue derivada a una especialista de Boston que le enseñó ciencia y otras habilidades. Al principio, se comunicaban con signos y contacto físico, a modo de patrones que representaban letras: los objetos se conectaban con los patrones de la mano contraria a cada hemisferio cerebral y se relacionaba cada uno con un código (analógico y digital). Un día ocurrió que fue capaz de trascender el concepto del agua que tenía en una mano y se dio cuenta de que el patrón era el nombre de eso. Así fue como entendió que podía nombrar las cosas y empezó a conocer los nombres de su familia. Le impresionó el modo en que la vida se podía descubrir, por primera vez sintió culpa y por primera vez supo que había un mañana. “Experimentó la conciencia en el momento en que empezó el libre albedrío”, sostuvo Vitz.

En segundo lugar, ha expuesto cómo la psicología descubre las virtudes y al hacerlo se pasa del modelo determinístico de los seres humanos a uno teológico, pues son capaces de elegir una virtud para desarrollarla. De este modo, se deja de ver el problema como una patología causada por el pasado a entender la solución como una elección libre: la decisión de ir a terapia y elegir una virtud para mejorar. Incluso como terapeutas liberan del pasado determinista a sus pacientes, adoptando este enfoque del libre albedrío.

En tercer lugar, ha enseñado otra manera de entender la libertad por la vida espiritual que conlleva: una esencia que permite elegir a dios y experimentarle como una elección. También ha recalcado que un buen determinista no deja de ser un escándalo para su deber de responsabilidad pues, en su opinión, los deterministas no se comportan de manera consistente con sus argumentos.

Por su parte, Therese Lysaught ha abordado la cuestión determinista desde el origen de la pregunta, es decir, de dónde sale la idea de que la neurociencia esté determinada. Ella y sus compañeros de investigación han estudiado que en EEUU en 2009 había cada vez más a menudo conversaciones públicas sobre la afirmación de que los pobres no lo eran por no tener dinero, sino por tener vicios, o sea, porque no tenían virtudes, y el contrargumento era atribuir la pobreza a las estructuras sociales. En todo caso, había una relación entre la economía y la virtud y si había prosperidad era por ser virtuoso, como si la virtud pudiera ser un premio.

Una segunda parte de esa conversación pública estaba relacionada con la biología. La gente que vivía en zonas pobres tenía niveles más altos de una hormona llamada cortisol porque habían vivido más episodios de violencia o sucesos traumáticos. Quisieron explorar si era verdad que la pobreza tenía efecto en la mente y si influía en la capacidad de ser virtuoso. En 2010, la Universidad de Chicago les ofreció una beca para estudiar la ciencia de las virtudes y se embarcaron en la moralidad de la neurociencia. Encontraron un reduccionismo biológico muy significativo, y es que la mayoría de los libros argumentaban que el cerebro moral o ético era de una determinada manera, por lo que existía un supuesto de determinación ante el que la neurociencia daba respuesta, sin embargo, el objeto no estaba claramente definido. Además, descubrieron que en la parte negativa de la psicología no se quería usar la palabra vicio por su bagaje religioso, pero en ambos casos, vicio o virtud, la tendencia era desarrollar unos poderes clínicos, sobre todo, en lo relativo a los vicios, como actitudes antisociales.  

Finalmente, les sorprendió que a medida que avanzaba la investigación, la mayoría de los estudios, al buscar variables que estuvieran relacionadas con rasgos negativos, se centraban en una principalmente: el estatus socioeconómico. Ahí estaba la presunción de correlación entre vicio y economía. Las variables económicas aparecían en todos los estudios poblacionales sobre sabiduría, como motivo del éxito económico. Así pues, la neurociencia de la moralidad que estudiaba el cerebro para responder quién es el ser humano, encontró que la antropología cultural estaba enraizada en la economía, principalmente, en la mutación más reciente del homo economicus, motivo por el que el libre albedrío y el determinismo se han hecho tan interesantes.

ClaraMolineroClara Molinero, directora del grado en Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria, ha corroborado las limitaciones de la propuesta determinista en sus trabajos de Razón Abierta. Al estudiar reduccionismos e investigar algunas corrientes psicológicas de época ha puesto al descubierto los fundamentos antropológicos y epistemológicos que llevar a las aulas, así como el pelagianismo que deja fuera variables imprescindibles para la riqueza del ser humano. Por tanto, ha abierto una nueva vía antropológica de investigación que da espacio a la espiritualidad y a otros temas de discusión: dónde queda el bien, qué lugar ocupa la salud en el bienestar emocional, qué es el dato, la ganancia o pérdida de la operatividad de una variable, el propósito que se persigue al entrar en el entorno laboral, etc. “La evidencia de lo físico da luz a todas las facultades del ser humano, pero el diálogo con los datos empíricos enriquece las interpretaciones”, constató. Incluso ha acercado algunas conclusiones sobre un reciente estudio de la virtud de la magnanimidad, traducida a la manifestación del perdón y llevada a la intervención en terapia.

En el turno de debate, tras la exposición de los diferentes puntos de vista a la pregunta inicial, se ha planteado hasta qué punto la psicoterapia es educar en la libertad hacia las virtudes, una vez constatadas las heridas y la historia del paciente, tan determinadas. Paul Vitz ha declarado que el hecho de elegir la terapia ya es usar la libertad para mejorar y que el paciente, cuando acude a la sesión, ya tiene muchos puntos fuertes de carácter que solo hay que fortalecer. Una vez hizo un estudio sobre 21 personas que tirotearon en algunos colegios de EEUU (llamados tiradores masivos escolares) y constató que ninguno de ellos tenía un objetivo altruista en su vida ni ninguna aspiración, lo cual, a su juicio, implica la ausencia de un significado superior.

En este punto, Clara Molinero ha querido prevenir de que la virtud se convierta en otro determinismo y por eso habla de plenitud, florecimiento, integración de todos los ámbitos de la vida, con un enfoque fenomenológico en el que la realidad sea la que se manifieste y solo haya que recoger información con distintos registros.

Por otro lado, Therese L. ha subrayado en que cuando un paciente acude a consulta el objetivo es que encaje mejor en la sociedad, pero se pregunta para qué mejorar si la sociedad genera tantas malformaciones. Ha recordado que desde 1980 se ha extendido un modelo neoliberal que tiene correlación con problemas mentales, sobre todo, por las comunidades que han desaparecido y el modelo biológico que se ha instaurado basado en la medicación. A su juicio, el cambio en la práctica psicológica se aleja del modelo centrado en la persona y la solución pasaría por capacitar a gente “rota” para trabajar mejor en un sistema “roto”, es decir, enseñar a los psicólogos a preguntarse por la antropología subyacente en su práctica profesional para que el florecimiento humano tenga en cuenta el contexto social.

  1. Vitz ha añadido que es urgente incluir el concepto de alma humana en el marco de la psicología para entender a la persona en su integridad, ya que la conciencia es cualitativamente diferente a cualquier otro aspecto. De hecho, la implementación del metamodelo católico cristiano en la Universidad de Virginia no implicó que fuera teológico. Clara M. ha expresado su deseo de que con este nuevo enfoque se despierte a los alumnos y se genere inquietud, al menos, que dé pistas de los espacios en blanco que se han dejado sin resolver a lo largo de la historia de la psicología.

Aparte de neurociencia de la moralidad, Therese L., ha explicado que el proyecto que han presentado abarca implicaciones de todos los campos y los hallazgos son relevantes para cualquier ciencia. Cuando dieron marcha atrás en la historia de la economía, las ciencias sociales y la física, pusieron de manifiesto que cualquier disciplina alberga una antropología implícita, más allá de los parámetros de la propia cultura. Por eso, ha animado a crear espacios de apertura que aborden preguntas relacionadas indirectamente con cada ciencia concreta.

En el turno de preguntas han surgido más dudas sobre el reduccionismo de la intervención psicológica actual. Según Therese L., se trata de eliminar lo negativo de la sociedad (con eugenesia, medicación, arresto), pero lo que se ha observado es que la teoría económica que precede a la moralidad neurocientífica ha sido la causante del cambio radical de la persona racional y libre. De repente, el capitalismo resultó natural y la visión económica del ser humano dejó de ser libre, por lo que se preguntó si la ayuda debe ir encaminada a alinear con la visión humana que encaja en el neocapitalismo. En este punto, ha hablado de la antropología bifurcada, que desarrolla en el libro, a lo largo de la historia socioeconómica: cuando se defendía que los pobres no eran libres, controlados por su lujuria y pereza, identificados como una carga; y cuando en el siglo XX todo el mundo deja de ser libre.

  1. Clara Molinero empatizó con todas aquellas problemáticas que no parecen superarse con esfuerzo e invitó a descubrir lo que hay dentro del ser humano, ya que conocer es el primer paso para ser libre y sirve de motor para otros desarrollos. Confesó que en terapia utiliza esas dos palancas iniciales y luego abre la mente a otros recursos que no dependen de sí misma, sino de fuerzas que confluyen más allá de la voluntad y el propósito de hacer al paciente más hábil. “Hay que renunciar a predecir el comportamiento y pedir a Dios que lo compense”, afirmó.

Therese L. lamentó que el determinismo busque en genes y neuronas una solución tecnológica. Aprovechó para contar el caso de un compañero suyo que vivió mucho tiempo en una comunidad de personas sin techo y descubrió que esa “rotura” se debía a golpes tan fuertes por parte de la sociedad que a veces era preciso abrirse a instituciones capaces de albergar tales roturas, como puede ser la Iglesia. A este respecto, Tasio Pérez añadió que en la relación frente a cualquier determinación también se puede encontrar la acogida de quien uno es y puede convertirse en motor de cambio.

Por su parte, P. Vitz corroboró que el mensaje cristiano da respuesta a muchas incógnitas y pone remedio a muchas enfermedades psicológicas, pero algunas que parecen incurables le han llevado a introducir una respuesta espiritual, que es la de llevar la cruz. “La psicología tiene límites, un problema psicológico no tiene necesariamente una respuesta psicológica, la ciencia debe ser más humilde”, apostilló.  

Saber cómo pueden enriquecerse mutuamente la docencia y la psicología pasa por sembrar, según precisó Clara M. Para ella, la sensación de estar inacabados y de que el conocimiento puede seguir creciendo es un aliciente, así como compartir inquietudes sin tener que defender corrientes psicológicas particulares: “Ponerse en camino y estar acompañados de gente que estimula hace posible avanzar”. 

Therese L. destacó que la enseñanza de virtudes necesita un modelo y el contexto necesita apoyar a los psicólogos para vivirlas: “Las virtudes deben florecer a la vez en las sociedades y en los profesionales”. P. Vitz, a su vez, lamentó que los psiquiatras se hayan tenido que ver tan mal pagados para recurrir a la medicación como tratamiento y aceptar los sobornos de algunas empresas farmacológicas.

Cuando se piensa que las decisiones están determinadas por procesos cerebrales, Therese L. sostuvo que se exagera el alcance del ámbito de la genética: “Hay que ser precavidos antes de establecer determinadas relaciones”. 

P. Vitz contó un análisis que se publicó hace unos años de un burócrata francés que solo tenía una capa fina de cerebro, pero se comportaba con normalidad: “Puede haber problemas psicológicos desde la niñez, pero el caso del hombre sin cerebro demuestra que no son tan determinantes”. Además, hizo hincapié en un dato curiosos: los recuerdos y las emociones pueden ser estimulados, sin embargo, no hay estimulación que haga tener crisis existenciales, lo que demuestra que hay un nivel de conciencia que no se puede estimular de forma neurológica, y eso distingue cualitativamente la conciencia de la fisiología. Therese L. contrapuso la epigenética al dogma central del zen-proteína, es decir, que hay genes que por la historia personal se pueden manifestar de una forma o de otra.

Por último, respecto a las mediciones recientes del cerebro que preceden a una decisión y que han intentado vincular la libertad con una actividad cerebral, Therese L. introdujo la cuestión temporal en que se lleva a cabo una decisión o la cantidad de personas a las que implica para validar otras variables junto a las señales eléctricas. P. Vitz apuntó que en ese desarrollo neurológico previo no queda claro si hay más de un neurodesarrollo cuando se habla de dos posibilidades de elección. Por ejemplo, Therese L. no hablaría de determinismo cuando ama a sus hijos, pues no considera que el cuerpo sea un recipiente pasivo. 

Finalmente, P. Vitz concluyó expresando que las virtudes son como un arte, solo pensar en ellas no las convierte en virtudes: “Hay que hacer deberes para que la virtud se practique”, bromeó.

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Congreso Razón Abierta – Mesa redonda: «El asombro por el mundo a través de la física cuántica y la ecología»

En el turno de debate, se hizo un llamamiento a potenciar la colaboración entre ciencia y fe para que la razón pueda alcanzar una ciencia más madura. John Slattery puso el ejemplo de un grupo de profesores americanos que debatían sobre la noción de la evolución. Reveló que solo pudieron aceptar el diálogo cuando dieron sus puntos de vista sobre ecología, creación y psicología. En su opinión, es importante que no se obligue a entender, sino a profundizar en el contenido para llegar a un nivel más hondo.

Las virtudes son herramientas que ayudan a razonar, según J. Arthur, pero es necesario integrarlas con las intelectuales para que se amplíe la razón, es lo que llamó la “sabiduría práctica del buen sentido”. Así pues, las virtudes permiten saber, desear y actuar con un buen razonamiento. Lo único que se necesita es que haya personas inteligentes y prácticas que sean líderes en sus profesiones.

Por su parte, Verónica Fernández sostuvo que es un reto educar en la razón abierta porque se educa como se ha sido educado y si se quiere mejorar hace falta que el profesor sea un maestro. Esto pasa por cómo mira a la persona que tiene delante, que no es un objeto de consumo de contenidos, sino alguien con quien establecer una relación sapiencial. También hace falta que sea referente, pues un profesor no se reduce a lo que dice, sino que es una persona integral con un prestigio, capaz de acoger a sus alumnos y ayudarles a crecer. En su opinión, para que exista unidad en el saber hay que tener en cuenta varios niveles de la persona que van desde el conjunto de átomos hasta la necesidad de respeto. Se pretende repensar el título de cada asignatura para forjar estudiantes autodidactas que vean en el otro a un hermano.

El deseo del artista Etsuro Sotoo de dar con la pregunta correcta ha sido lo que ha llevado a Curtis Baxter a afirmar que habría que llevar buenos científicos a las clases para suscitar preguntas acerca de los nuevos modelos de pensamiento: el funcionamiento del cerebro, el cambio climático, la evolución, el abuso sexual… John Slattery añadió que, ya sea ciencia o teología, las preguntas básicas son similares y las conversaciones giran en torno a los mismos asuntos. James Arthur se volvió a preguntar cuáles son los deseos del ser humano y se posicionó frente al relativismo y la pérdida de la naturaleza humana. Consideró que el humanismo europeo y el judeocristianismo se unen y se desunen en la actualidad con mucha facilidad respecto a temas antropológicos. En su opinión, el declive de la religión, el desplazamiento de la filosofía por la psicología y la aparición del constructivismo han sido cuestiones determinantes. Abogó por recuperar la idea de una naturaleza humana que se pueda entender a través de muchas perspectivas como la filosofía, la psicología, las artes…, tan solo poniendo de moda conocimientos centrados en el florecimiento humano.

 

Verónica Fernández ha añadido que el modelo pedagógico de la UFV (despertar, descubrir, decidir) está dirigido especialmente a ese alumno que solo está preocupado por el examen y no busca enriquecerse de sabiduría. Tiene como base la relación: del profesor con otros profesores, del profesor con el alumno y de los alumnos entre ellos mismos. Se trata de hacer las preguntas pertinentes y buscar respuestas juntos, cristalizando en decisiones que lleven a un crecimiento personal. A tal efecto, las comunidades de Razón Abierta buscan poner en conocimiento de todos, las preguntas de las diferentes asignaturas para ampliar sus conclusiones a un ámbito interdisciplinar.   

Junto a ello, desmontar los prejuicios cientificistas no deja de ser una forma de abrir horizontes en la formación de los futuros clérigos. John Slattery señaló que hay tantos científicos que participan en el proyecto que los resultados de la interacción han sido muy fructíferos. Curtis Baxter apuntó que al final acaba dando igual si el científico tiene fe o no, porque lo único importante es si están dispuestos a cooperar.

Como se ha visto, Razón Abierta significa apertura a todas las dimensiones del sujeto. James Arthur explicó que la enseñanza debe despertar a la verdadera educación, por tanto, no es solo conocimiento de libros de texto o transmisión de información, sino que ha de implicar transformación. Educación no es lo que se sabe el alumno, sino en qué se ha convertido ese alumno durante el proceso de apertura al conocimiento.

Desde la Facultad de Educación, Verónica Fernández recordó que si la educación es un reto es porque implica a la libertad humana. En este punto, afirmó que el acompañamiento es una de las estrategias más adecuadas para estar cerca del alumno en momentos de dificultad, y apostó por seguir fortaleciendo el sistema de mentorías que asigna un mentor a cada alumno para realizar un seguimiento personalizado.

En el turno de preguntas se planteó hasta qué punto es importante distinguir entre obligar o respetar. Slattery respondió que no hay una solución perfecta, sino una combinación de materias: “Es un debate sobre lo que se considera imprescindible a nivel disciplinario y los límites de tal enseñanza”, declaró. En su opinión, la clave es generar espacios para poner en juego las cuestiones existentes, de hecho, en el proyecto de los seminarios parten de una educación básica, pero luego se ha observado que surgen otros temas que no conllevan un contexto reglado.

Sobre las virtudes que ha de tener todo educador, estas forman parte de un camino de quien busca el mayor bien, según contestó Verónica Fernández, que a la vez las intuyó en forma de racimo. Arthur concretó que espera de todos los educadores que sean honestos y sinceros, tengan compasión, interés y respeto por los alumnos. Incluso añadió que la educación se ve influida por la arquitectura y el ambiente, por lo que el profesor en su código de conducta debe incluir la humildad y la verdad.

Respecto a los alumnos que pueden acercarse con actitud hostil o cierta resistencia a la razón abierta, Slattery presentó una investigación que se está llevando a cabo en algunas aulas de biología de EEUU sobre cómo dedicar una parte de la clase a reconocer que existen dos puntos de vista diferentes cambia el ambiente, pues el mero hecho de reconocer que había un grupo con una teoría y otro grupo con otra influyó positivamente en los resultados. Arthur recomendó el libro “El cierre de la mente americana”, que habla de alumnos abiertos que no son capaces de establecer un juicio sobre nada, sensibles en exceso a tantos temas. Confesó que estos mismos jóvenes no se dan cuenta de que buscan algo más, una participación más profunda en la sociedad y que si un alumno está cerrado no se le podrá formar, ni siquiera en un conocimiento técnico. 

Congreso Razón Abierta – Mesa redonda: «La educación: un camino hacia el sentido»

La educación: un camino hacia el sentido

John Slattery, Jennifer Wiseman y Curtis Baxter. Miembros del programa Dialogue on Science, Ethics, and Religion Program de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y ganadores de la 5ª edición de los Premios Razón Abierta con Science for seminaries.

James Arthur. Profesor de educación, director fundador del Jubilee Centre for Character de la Universidad de Birmingham y ganador de la 4ª edición de los Premios Razón Abierta con Teaching Character Virtues – A Neo-Aristotelian Approach.

El primer eje del Congreso ha girado en torno a la reflexión de una educación integral. El moderador Antonio Sastre, filósofo y profesor de formación humanística de la UFV, ha afirmado que la razón abierta en el área educativa está relacionada con la superación de la mera instrucción y transmisión de conocimientos, dirigida a acompañar al estudiante en el camino de plenitud, desarrollando todas sus dimensiones para alcanzar la felicidad. Una educación, por tanto, encaminada a hacerse preguntas últimas que afectan a la médula de la existencia, ya que, aunque en las aulas pueda haber indiferencia, en el corazón se descubre el anhelo de respuestas.

Por un lado, Curtis Baxter ha explicado que desde el principio han buscado implicar a diferentes comunidades científicas para participar en la divulgación de temas que tuvieran algún tipo de relación con la ética y la religión. Por otro lado, John Slattery ha revelado que la belleza del proyecto Science for Seminaries radica precisamente en que su origen no sea clerical, sino científico. En 2010 establecieron un acuerdo con la Asociación de Colegios Católicos que llevaban cientos de seminarios y buscaron interactuar con la ciencia de forma pertinente. Se preguntaron si podían hacer algo a favor de ese diálogo y les pusieron en contacto con diversos asesores católicos, incluso de otras confesiones cristianas. Tras tres años recibieron una beca para aumentar el proyecto hasta llegar a los 54 seminarios con los que cuentan actualmente, frente a los 10 seminarios con que contaban inicialmente, es decir, dispusieron de 75.0000 dólares anuales para mejorar el curriculum de los seminaristas sobre estudios bíblicos, teología pastoral, etc., a través de la realización de talleres, retiros y otros recursos de diálogo con la ciencia. Se puede consultar en su página web.

Respecto a la formación del carácter en virtudes, James Arthur, director del Jubilee Centre, ha declarado por videoconferencia desde Edimburgo cómo fueron preparando una serie de proyectos tras el temor del creciente consumo entre los jóvenes, hasta que decidieron desarrollar el concepto del carácter frente al materialismo dominante. Para ello, contaron con una importante financiación privada que les permitió volver a estudiar la filosofía de Aristóteles para explicar por qué los jóvenes no se preguntan sobre la ética de las cuestiones a la que se enfrentan cada día. La inquietud de James Arthur gira en torno a cómo hacer florecer las virtudes en el ser humano, ya que considera que un buen carácter es muy importante, tanto para las personas como para las sociedades, y que este se puede enseñar e inculcar. Pretende formar individuos comprometidos con el bien de todo ser humano para construir un mundo en que merezca la pena vivir, así como desarrollar la excelencia desde el enfoque de la ética aristotélica. Todo con una triple estructura: quiénes somos, en qué nos podemos convertir y cómo pasamos del punto A al punto B. Esto, abordado en comunidad e incluyendo todas las dimensiones éticas. Así, ha expuesto que un buen carácter tiene muchas ventajas, pues las virtudes hacen tener una vida productiva que hace más sana la sociedad y además son universales porque se hallan en todo progreso humano. En este sentido, ha querido aclarar que educar en el carácter de la virtud no es adoctrinar ni supone un modelo paternalista, religioso o conservador, sino que se trata de una “alfabetización virtual” en conocimiento, razonamiento y práctica. No basta, a su juicio, con saber cada vez más cosas porque eso no cambia la conducta, sino que hay que razonar sobre cómo y cuándo actuar bien, pues la virtud permite expresar una actitud deseable dentro de un marco intelectual, moral y cívico.

Verónica Fernández, profesora de Educación de la UFV, ha trasladado algunas cuestiones de alumnos que confrontan la teoría del big bang con la creencia en un dios creador. En su opinión, estas dudas revelan la fragmentación del estudiante y la necesidad de trabajar en una enseñanza integral e integradora. Ha abogado por potenciar el diálogo entre los profesores de ciencias y los de filosofía y religión para ofrecer contenidos unificados y evitar que se presente la fe como un conocimiento literal de la Biblia incompatible con la evolución. “Es todo un reto formar al docente en el camino de la inspiración en las virtudes creando centros de transmisión de este carácter a las aulas”, ha declarado.

*En el TURNO DE DEBATE, se hizo un llamamiento a potenciar la colaboración entre ciencia y fe para que la razón pueda alcanzar una ciencia más madura. John Slattery puso el ejemplo de un grupo de profesores americanos que debatían sobre la noción de la evolución. Reveló que solo pudieron aceptar el diálogo cuando dieron sus puntos de vista sobre ecología, creación y psicología. En su opinión, es importante que no se obligue a entender, sino a profundizar en el contenido para llegar a un nivel más hondo.

Las virtudes son herramientas que ayudan a razonar, según J. Arthur, pero es necesario integrarlas con las intelectuales para que se amplíe la razón, es lo que llamó la “sabiduría práctica del buen sentido”. Así pues, las virtudes permiten saber, desear y actuar con un buen razonamiento. Lo único que se necesita es que haya personas inteligentes y prácticas que sean líderes en sus profesiones.

Por su parte, Verónica Fernández sostuvo que es un reto educar en la razón abierta porque se educa como se ha sido educado y si se quiere mejorar hace falta que el profesor sea un maestro. Esto pasa por cómo mira a la persona que tiene delante, que no es un objeto de consumo de contenidos, sino alguien con quien establecer una relación sapiencial. También hace falta que sea referente, pues un profesor no se reduce a lo que dice, sino que es una persona integral con un prestigio, capaz de acoger a sus alumnos y ayudarles a crecer. En su opinión, para que exista unidad en el saber hay que tener en cuenta varios niveles de la persona que van desde el conjunto de átomos hasta la necesidad de respeto. Se pretende repensar el título de cada asignatura para forjar estudiantes autodidactas que vean en el otro a un hermano.

El deseo del artista Etsuro Sotoo de dar con la pregunta correcta ha sido lo que ha llevado a Curtis Baxter a afirmar que habría que llevar buenos científicos a las clases para suscitar preguntas acerca de los nuevos modelos de pensamiento: el funcionamiento del cerebro, el cambio climático, la evolución, el abuso sexual… 

John Slattery añadió que, ya sea ciencia o teología, las preguntas básicas son similares y las conversaciones giran en torno a los mismos asuntos. James Arthur se volvió a preguntar cuáles son los deseos del ser humano y se posicionó frente al relativismo y la pérdida de la naturaleza humana. Consideró que el humanismo europeo y el judeocristianismo se unen y se desunen en la actualidad con mucha facilidad respecto a temas antropológicos. En su opinión, el declive de la religión, el desplazamiento de la filosofía por la psicología y la aparición del constructivismo han sido cuestiones determinantes. Abogó por recuperar la idea de una naturaleza humana que se pueda entender a través de muchas perspectivas como la filosofía, la psicología, las artes…, tan solo poniendo de moda conocimientos centrados en el florecimiento humano.

Verónica Fernández ha añadido que el modelo pedagógico de la UFV (despertar, descubrir, decidir) está dirigido especialmente a ese alumno que solo está preocupado por el examen y no busca enriquecerse de sabiduría. Tiene como base la relación: del profesor con otros profesores, del profesor con el alumno y de los alumnos entre ellos mismos. Se trata de hacer las preguntas pertinentes y buscar respuestas juntos, cristalizando en decisiones que lleven a un crecimiento personal. A tal efecto, las comunidades de Razón Abierta buscan poner en conocimiento de todos, las preguntas de las diferentes asignaturas para ampliar sus conclusiones a un ámbito interdisciplinar.   

Junto a ello, desmontar los prejuicios cientificistas no deja de ser una forma de abrir horizontes en la formación de los futuros clérigos. John Slattery señaló que hay tantos científicos que participan en el proyecto que los resultados de la interacción han sido muy fructíferos. Curtis Baxter apuntó que al final acaba dando igual si el científico tiene fe o no, porque lo único importante es si están dispuestos a cooperar.

Como se ha visto, Razón Abierta significa apertura a todas las dimensiones del sujeto. James Arthur explicó que la enseñanza debe despertar a la verdadera educación, por tanto, no es solo conocimiento de libros de texto o transmisión de información, sino que ha de implicar transformación. Educación no es lo que se sabe el alumno, sino en qué se ha convertido ese alumno durante el proceso de apertura al conocimiento.

Desde la Facultad de Educación, Verónica Fernández recordó que si la educación es un reto es porque implica a la libertad humana. En este punto, afirmó que el acompañamiento es una de las estrategias más adecuadas para estar cerca del alumno en momentos de dificultad, y apostó por seguir fortaleciendo el sistema de mentorías que asigna un mentor a cada alumno para realizar un seguimiento personalizado.

En el turno de preguntas se planteó hasta qué punto es importante distinguir entre obligar o respetar. Slattery respondió que no hay una solución perfecta, sino una combinación de materias: “Es un debate sobre lo que se considera imprescindible a nivel disciplinario y los límites de tal enseñanza”, declaró. En su opinión, la clave es generar espacios para poner en juego las cuestiones existentes, de hecho, en el proyecto de los seminarios parten de una educación básica, pero luego se ha observado que surgen otros temas que no conllevan un contexto reglado.

Sobre las virtudes que ha de tener todo educador, estas forman parte de un camino de quien busca el mayor bien, según contestó Verónica Fernández, que a la vez las intuyó en forma de racimo. Arthur concretó que espera de todos los educadores que sean honestos y sinceros, tengan compasión, interés y respeto por los alumnos. Incluso añadió que la educación se ve influida por la arquitectura y el ambiente, por lo que el profesor en su código de conducta debe incluir la humildad y la verdad.

Respecto a los alumnos que pueden acercarse con actitud hostil o cierta resistencia a la razón abierta, Slattery presentó una investigación que se está llevando a cabo en algunas aulas de biología de EEUU sobre cómo dedicar una parte de la clase a reconocer que existen dos puntos de vista diferentes cambia el ambiente, pues el mero hecho de reconocer que había un grupo con una teoría y otro grupo con otra influyó positivamente en los resultados. Arthur recomendó el libro “El cierre de la mente americana”, que habla de alumnos abiertos que no son capaces de establecer un juicio sobre nada, sensibles en exceso a tantos temas. Confesó que estos mismos jóvenes no se dan cuenta de que buscan algo más, una participación más profunda en la sociedad y que si un alumno está cerrado no se le podrá formar, ni siquiera en un conocimiento técnico. 

En el turno de debate, se hizo un llamamiento a potenciar la colaboración entre ciencia y fe para que la razón pueda alcanzar una ciencia más madura. John Slattery puso el ejemplo de un grupo de profesores americanos que debatían sobre la noción de la evolución. Reveló que solo pudieron aceptar el diálogo cuando dieron sus puntos de vista sobre ecología, creación y psicología. En su opinión, es importante que no se obligue a entender, sino a profundizar en el contenido para llegar a un nivel más hondo.

Las virtudes son herramientas que ayudan a razonar, según J. Arthur, pero es necesario integrarlas con las intelectuales para que se amplíe la razón, es lo que llamó la “sabiduría práctica del buen sentido”. Así pues, las virtudes permiten saber, desear y actuar con un buen razonamiento. Lo único que se necesita es que haya personas inteligentes y prácticas que sean líderes en sus profesiones.

Por su parte, Verónica Fernández sostuvo que es un reto educar en la razón abierta porque se educa como se ha sido educado y si se quiere mejorar hace falta que el profesor sea un maestro. Esto pasa por cómo mira a la persona que tiene delante, que no es un objeto de consumo de contenidos, sino alguien con quien establecer una relación sapiencial. También hace falta que sea referente, pues un profesor no se reduce a lo que dice, sino que es una persona integral con un prestigio, capaz de acoger a sus alumnos y ayudarles a crecer. En su opinión, para que exista unidad en el saber hay que tener en cuenta varios niveles de la persona que van desde el conjunto de átomos hasta la necesidad de respeto. Se pretende repensar el título de cada asignatura para forjar estudiantes autodidactas que vean en el otro a un hermano.

El deseo del artista Etsuro Sotoo de dar con la pregunta correcta ha sido lo que ha llevado a Curtis Baxter a afirmar que habría que llevar buenos científicos a las clases para suscitar preguntas acerca de los nuevos modelos de pensamiento: el funcionamiento del cerebro, el cambio climático, la evolución, el abuso sexual… John Slattery añadió que, ya sea ciencia o teología, las preguntas básicas son similares y las conversaciones giran en torno a los mismos asuntos. James Arthur se volvió a preguntar cuáles son los deseos del ser humano y se posicionó frente al relativismo y la pérdida de la naturaleza humana. Consideró que el humanismo europeo y el judeocristianismo se unen y se desunen en la actualidad con mucha facilidad respecto a temas antropológicos. En su opinión, el declive de la religión, el desplazamiento de la filosofía por la psicología y la aparición del constructivismo han sido cuestiones determinantes. Abogó por recuperar la idea de una naturaleza humana que se pueda entender a través de muchas perspectivas como la filosofía, la psicología, las artes…, tan solo poniendo de moda conocimientos centrados en el florecimiento humano.

Verónica Fernández ha añadido que el modelo pedagógico de la UFV (despertar, descubrir, decidir) está dirigido especialmente a ese alumno que solo está preocupado por el examen y no busca enriquecerse de sabiduría. Tiene como base la relación: del profesor con otros profesores, del profesor con el alumno y de los alumnos entre ellos mismos. Se trata de hacer las preguntas pertinentes y buscar respuestas juntos, cristalizando en decisiones que lleven a un crecimiento personal. A tal efecto, las comunidades de Razón Abierta buscan poner en conocimiento de todos, las preguntas de las diferentes asignaturas para ampliar sus conclusiones a un ámbito interdisciplinar.   

Junto a ello, desmontar los prejuicios cientificistas no deja de ser una forma de abrir horizontes en la formación de los futuros clérigos. John Slattery señaló que hay tantos científicos que participan en el proyecto que los resultados de la interacción han sido muy fructíferos. Curtis Baxter apuntó que al final acaba dando igual si el científico tiene fe o no, porque lo único importante es si están dispuestos a cooperar.

Como se ha visto, Razón Abierta significa apertura a todas las dimensiones del sujeto. James Arthur explicó que la enseñanza debe despertar a la verdadera educación, por tanto, no es solo conocimiento de libros de texto o transmisión de información, sino que ha de implicar transformación. Educación no es lo que se sabe el alumno, sino en qué se ha convertido ese alumno durante el proceso de apertura al conocimiento.

Desde la Facultad de Educación, Verónica Fernández recordó que si la educación es un reto es porque implica a la libertad humana. En este punto, afirmó que el acompañamiento es una de las estrategias más adecuadas para estar cerca del alumno en momentos de dificultad, y apostó por seguir fortaleciendo el sistema de mentorías que asigna un mentor a cada alumno para realizar un seguimiento personalizado.

En el turno de preguntas se planteó hasta qué punto es importante distinguir entre obligar o respetar. Slattery respondió que no hay una solución perfecta, sino una combinación de materias: “Es un debate sobre lo que se considera imprescindible a nivel disciplinario y los límites de tal enseñanza”, declaró. En su opinión, la clave es generar espacios para poner en juego las cuestiones existentes, de hecho, en el proyecto de los seminarios parten de una educación básica, pero luego se ha observado que surgen otros temas que no conllevan un contexto reglado.

Sobre las virtudes que ha de tener todo educador, estas forman parte de un camino de quien busca el mayor bien, según contestó Verónica Fernández, que a la vez las intuyó en forma de racimo. Arthur concretó que espera de todos los educadores que sean honestos y sinceros, tengan compasión, interés y respeto por los alumnos. Incluso añadió que la educación se ve influida por la arquitectura y el ambiente, por lo que el profesor en su código de conducta debe incluir la humildad y la verdad.

Respecto a los alumnos que pueden acercarse con actitud hostil o cierta resistencia a la razón abierta, Slattery presentó una investigación que se está llevando a cabo en algunas aulas de biología de EEUU sobre cómo dedicar una parte de la clase a reconocer que existen dos puntos de vista diferentes cambia el ambiente, pues el mero hecho de reconocer que había un grupo con una teoría y otro grupo con otra influyó positivamente en los resultados. Arthur recomendó el libro “El cierre de la mente americana”, que habla de alumnos abiertos que no son capaces de establecer un juicio sobre nada, sensibles en exceso a tantos temas. Confesó que estos mismos jóvenes no se dan cuenta de que buscan algo más, una participación más profunda en la sociedad y que si un alumno está cerrado no se le podrá formar, ni siquiera en un conocimiento técnico.