Benedicto XVI. Verano de 2011

El encuentro de Benedicto XVI con los jóvenes profesores me ayudó a concretar esa intuición y comprender en toda su extensión la grandeza de mi misión. Mi puesto en el aula no se limita a contribuir a la formación de profesionales competentes, mi misión es mucho más completa y profunda, supone, como expuso magistralmente mi querido Papa en aquella preciosa mañana de agosto, guiar a los jóvenes en su búsqueda “de la verdad propia de la persona humana” y para ello es necesario quererles y comprenderles, con el objeto de “suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo”